Monasterio Santa Clara

¡Paz y Bien!

Quienes Somos

El Monasterio Santa Clara fue fundado el año 1959, por inspiración de quien fuera párroco de Pucón en esa fecha, Monseñor Francisco Valdés Subercaseaux, cuya causa de canonización ha sido introducida en la Santa Sede. La primera Fraternidad estuvo compuesta por cuatro Hermanas chilenas y dos italianas. Actualmente, tras los muros del pequeño y sencillo Monasterio, moran catorce Hermanas. Nuestro Monasterio nació con el fin de sostener la labor apostólica de la Iglesia en la Araucanía, tierra de misión. Hoy en día, la misión de las Hermanas Clarisas Capuchinas. En un lugar de turismo y esparcimiento, es la de ser un signo de la presencia viva de un Dios cuyo amor es eterno y que llama a todos sus hijos a trascender de lo temporal que tan fácilmente pasa, hacia lo infinito, donde se encuentra la verdadera felicidad.

Si sientes que Jesús te llama a servirle en nuestra Forma de Vida, puedes escribir a:

Monasterio “Santa Clara”,

Casilla 437, Pucón,

mostaclara@yahoo.com

o, sencillamente, venir a nuestro Monasterio.

¡Paz y Bien!

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Vocación

La vocación de la Clarisa Capuchina

La forma de vida de la orden de las Hermanas Pobres, que instituyó san Francisco, consiste en guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, en desapropio y en castidad”

Regla de Santa Clara

Dentro del Cuerpo Místico de Cristo, que es su Iglesia, las Clarisas Capuchinas cumplimos una función peculiar:

1. Contemplamos y alabamos a Dios asiduamente en silencio y soledad.

2. Nos unimos a Cristo crucificado por el amor y por el espíritu de anonadamiento.

3. Cultivamos la sencillez y la espontaneidad en nuestras relaciones fraternas.

4. Damos sincero testimonio de austeridad y de sobriedad en nuestra vida, como signo profético ante la sociedad moderna.

5. Fomentamos intensamente la dimensión eclesial juntamente con la solicitud por los pobres y débiles.

Las Clarisas Capuchinas seguimos siendo las sostenedoras de los miembros vacilantes x de su Cuerpo Místico que es la Iglesia, mediante nuestra constante oración en la Eucaristía y el Oficio Divino y prolongándola durante toda nuestra jornada de trabajo compartido. En nuestra Regla, el trabajo es llamado "gracia" del Señor; y es condición inseparable de nuestra vida en pobreza y humildad.


Historia

La Orden de Clarisas Capuchinas nace en el año 1535, en Nápoles, Italia, cuando la Venerable Madre María Lorenza Longo, conmovida por la reforma de los Frailes Capuchinos, que deseaban retomar el ideal original de San Francisco de Asís, siente la inspiración de iniciar una forma de vida también más fiel al ideal de Santa Clara de Asís, la discípula perfecta del Pobrecillo Francisco. Así nace la Reforma de la Orden de Santa Clara, las Clarisas Capuchinas. El ideal de vida de Santa Clara pasó a adornar la Iglesia cuando Clara, siendo aún una joven noble de Asís, se sintió profundamente identificada con la vida que llevaba Francisco Bernardone, un joven burgués que había dejado su promisorio futuro de comerciante, para hacerse un pobre siervo de Dios. Francisco acogió a Clara –la primera mujer que lo siguió y con ella nació la II Orden de Clarisas. A Clara la siguieron su hermana menor, Inés e incontables damas nobles que descubrieron en la sencillez y la Pobreza la verdadera riqueza en esta vida. El Señor dotó de dulces experiencias de amor a esta joven que deseaba abrazarse como virgen pobre a Cristo pobre y que no permitió que ningún trabajo, ni menosprecio, ni fatiga apagara el amor de su corazón. Ella, que contempló a su Divino Esposo con deseos de imitarle, haciéndose despreciable como Él, escuchó de labios de Jesús Niño la promesa de que Él sería siempre su Protector. A diferencia de las Órdenes Contemplativas de ese tiempo, Clara no quiso ningún privilegio que pudiera alejarla de la Santa Pobreza. Más aún, pidió al Santo Padre un solo privilegio: el Privilegio de la Altísima Pobreza. Clara murió el año 1253, con la aprobación de su Regla de vida en las manos y con xx fundaciones en toda Europa.

Vocaciones

“La clave para comprender toda vocación particular está basada en la misteriosa y extraordinaria “seducción” ejercida por la belleza divina de Cristo, “el más hermoso de los hijos de los hombres”. Es la presencia de Cristo en todo su esplendor de Hijo de Dios, de uno de la Trinidad, la que cautiva el corazón del hombre y lo lleva a dar una respuesta de amor, en su seguimiento. Las monjas acompañamos espiritualmente, a aquellas jóvenes que queriendo descubrir la voluntad del Padre en su vida, se encuentran en discernimiento.